El ritmo

El bienestar físico y emocional del niño depende del ritmo y la interacción equilibrada entre momentos de concentración y expansión. Representando una respiración equilibrada, da seguridad y confianza en el niño. Con el orden y el ritmo se educan también la voluntad y la adquisición de los hábitos.

El niño necesita tiempo para aprender, y la repetición de acciones le permite vivenciar lo realizado. Esto le proporciona seguridad, confianza y autoestima.

Todas las actividades en la Escuela Waldorf están guiadas e inspiradas en el gran ritmo del año. Todo nuestro hacer cotidiano hace referencia a la época del año en la que nos encontramos, y nos acompaña durante un periodo aproximado de cuatro semanas. Esto permite al niño vivir y sentir el paso del tiempo, los cambios de la naturaleza y el retorno anual de los acontecimientos que, con la celebración de las fiestas, son motivo de gran alegría.

El ritmo diario, semanal y anual es muy importante. El ritmo diario de cada día de la semana tiene su carácter específico (el día de amasar el pan, el día de pintar con acuarela, de juego libre…); por lo que la jornada escolar se organiza de tal manera que en cada día se repite la misma secuencia de actividades. Esto proporciona al niño un sentimiento de orden y confianza, que le ayuda a ubicarse en el tiempo y adquirir autonomía.

Cada época del año, a su vez, tiene tiene un matiz peculiar, reflejo de lo que ocurre en la naturaleza, y de las actividades que le son propias, relacionadas con la preparación previa de las fiestas estacionales que celebramos periódicamente con los niños (la cosecha fiesta de San Micael, el otoño con la fiesta del Farolillo, la navidad con el espiral de adviento, el invierno con la llegada de los reyes y el carnaval, la pascua…). Cada fiesta tiene su cualidad especial y sus particularidades (decoración, manualidades que se realizan para la misma, comidas que se preparan, canciones que la acompañan …), lo que ayuda al niño a situarse temporalmente en el curso del año.

Nuestro objetivo pedagógico en este caso es potenciar un pensar claro y preciso, por eso presentamos al niño actividades llenas de sentido que contengan secuencias fáciles de abarcar y una coherencia interna que una cada etapa conducente a la meta. El niño las imita primero y las comprende después, con lo que despertamos en él la comprensión a través del sentir y del hacer.

En este ambiente, los niños desarrollan una buena relación con el mundo natural, aprenden a valorarlos y a entender el proceso y los patrones de los cambios a lo largo del año.

“El ritmo es algo vivo, portador de salud”

Rudolf Steiner

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